miércoles, 5 de diciembre de 2012

Legalicemos el amor

"(...) Ojala los días tuvieran nueve horas. Si, nueve horas. Ocho para dormir y una para hacer el amor."

Va descalza. Lleva un crucifijo blanco colgando del cuello y unos vaqueros rotos aunque bien planchados con una raya impecable de las pinzas al dobladillo. Va acercándose poco a poco por un camino de tierra, el desierto se extiende por todos lados, cactus de todas las formas nos rodean, rocas, piedras, arena y algún arbusto es lo que veo además de ella. Le miro los pies, casi no toca el suelo con ellos; solo quedan unos metros para que llegue hasta mi, el corazón se acelera y dejo de respirar, casi ni me muevo; unos centímetros. Solo unos centímetros. Entonces noto algo frío, muy frío, su nariz a tocado la mía, están pegadas, pero ahí no se detiene, entra dentro de ella, su nariz atraviesa la mía como si fuera un fantasma. La nariz se me hiela, el frió me recorre todo el cuerpo, los escalofríos chocan como anticiclones. La mitad de su cara ya está dentro de la mía, así como parte de su cuerpo. El frío me hiela todo el cuerpo dejándome paralizado. Ella está completamente dentro de mi, pienso que voy a morir, la idea de la muerte se forja en mi cerebro congelado y toma forma, lo entiendo y asumo la tragedia, iba a morir congelado en aquel desierto, sin poder hacer nada. Todo se tornaba en oscuridad, mi habitación poco a poco iba apareciendo a mi alrededor. El frío no desaparecía, estaba acurrucado en un lado de mi cama, encogido y destapado. Hacía una noche muy fría y yo estaba helado, estiré la mano para coger las mantas y me tape hasta la cabeza, enjugándome el frío sudor de la cara con las sábanas. Tras unos segundos me dormí pensando en aquel extraño sueño.

Aquel extraño sueño me hizo pensar dos cosas, la primera, esa pequeña cosa que llaman amor te infecta desde el interior tras una pequeña incubación y no puedes luchar contra ello. Si dejas que vaya extendiéndose poco a poco, al final acabarás con una cara de idiota y una felicidad que no sabes de dónde coño sale, pero que te agrada y calienta de una forma muy especial. No hay que ser un romántico o un afeminado (como tachan algunos) para hablar del amor. Nadie es inmune a esta buena enfermedad y todos podemos padecerla, el problema está en que algunos tienen unas "defensas" más fuertes que otros y se resisten. Pero por favor, siendo una droga altamente adictiva, potente ¡y legal! No la dejemos a un lado y amémosla hasta decir basta, porque ella lo agradece con una cálida felicidad gratuita. El amor no es malo, los problemas de pareja surgen de la variable persona y la constante orgullo.

La segunda cosa que pensé es que estoy loco por ella y eso es irrefutable.

sábado, 20 de octubre de 2012

Una serie de catastróficas desdichas.


Antes de empezar tendríamos que situarnos para comprender el resto de la narrativa. Simplemente, el lunes 15 empecé un curso en la universidad para poder "trabajar" como auxiliar de mesa en baloncesto los fines de semana, es un "trabajo" sencillo que no lleva más de 8 horas en una misma semana y puedes sacarte un buen dinero. El curso tiene dos prácticas, el sábado 20 (hoy) una práctica del acta de partido -tanteo arrastrado- y el lunes 22 un examen general. La práctica del acta es en Alcantarilla, a las 9 de la mañana en un pabellón que está en ninguna parte y queda a tres infiernos de la estación de tren.
Una vez situados podemos comenzar con la historia, aunque aviso que será larga y tediosa, porque al ser un simple aprendiz de las palabras, aún no consigo cercar mis pensamientos y me extiendo como la mantequilla en verano.

Tengo una extraña enfermedad que me hace creer que el tiempo es el más próximo enemigo del Hombre y que jamás en la vida se llevarán bien. Como el perro y el gato, es una persecución continua; nuestra misión es matar el tiempo y la suya, la de matarnos a nosotros, pero creo que se está bien entre asesinos. Hay diferentes formas de prever el paso del tiempo, adelantarse y evitar su castigo; en mi caso suelo disponer de un gran margen y utilizo mi bicicleta. Anoche tras descubrir que el pabellón estaba en la otra jodida punta de Alcantarilla, decidí llevarme la bicicleta y recorrer los miles de kilómetros en un tercio del tiempo que me hubiera llevado ir a pie. Así podría coger el tren de las 8:11 (despertándome a las siete para prepararlo todo), llegaría a Alcantarilla a las 8:30 y a las nueve menos diez estaría en mi destino. Perfecto.
Meeeec, despertador, bostezo, enjugarme los ojos, buscar las zapatillas, ir a mear... pero había un olor en el ambiente muy familiar, un olor húmedo, la esencia de la madera mojada vino a mi mente como un rayo en una oscura y encapotada noche, con miedo abrí y miré por la tronera de la puerta. Mi perfecto plan se iba al garete por una densa lluvia que lo mojaba todo, sentí una especie de terror que me inundó desde dentro <<"No pensaste en la lluvia, idiota">>, pensé, no podía coger la bicicleta si no quería llegar calado hasta los huesos y si me iba andando no tenía la certeza de poder llegar a tiempo, ya que no conocía el lugar.
Con la frente pegada al cristal solo se me ocurrió mirar al cielo y echarle las culpas a Dios mientras maldecía mi mala suerte en el silencio, <<"Maldita sea la lluvia, maldito sea mi miedo a conducir, maldita sea la mala suerte de los desdichados, maldito sea el mundo de los vivos...">>. Pero algo detuvo mi rezo, un ronquido de mi padre me dio la única solución a mi problema, una solución sencilla: mi padre se despierta a las ocho y media, le explico lo que ha pasado, me dice que no pasa nada y en veinte minutos me acerca a Alcantarilla, llegando a tiempo para la práctica y perdonando a Dios. Pero...


Una vez sereno, bebo un vaso de agua y me meto en la cama, hasta entonces no me había dado cuenta pero  estaba helado, iba en calzoncillos y era una mañana de otoño. Me metí en la cama, me acurruqué entre las sábanas sin esperanza de volver a dormir, pero por si acaso puse el despertador para las ocho en punto. Pensaba en masturbarme para matar el tiempo, pero me quedé pensando en una cosa que es mejor soñarla y, al final, me dormí. Desperté antes de que sonara la alarma, la desconecté y me vestí, vaqueros y camiseta marrón y unas zapatillas de deporte. Eran las ocho y cuarto ¿debía de despertar a mi padre por si acaso? No, definitivamente la historia de mi vida me ha dejado claro dos cosas: la primera (y desgraciadamente no lo tuve en cuenta esta mañana) que por cada cosa buena que me pasa, me ocurren cinco malas; y la segunda que mi padre se despierta siempre a la misma hora un sábado. Así que esperé sentado en la cama, imaginé que tenía sexo con una amiga y tweeteé algo para matar al tiempo. Como un reloj ahí estaban las toses de mi fumador padre, ya había pensado qué iba a decirle, había sonado en mi cabeza tan sensato como lo era en realidad, así que no había problema; además es mi padre, soy su hijo y me quiere.

Me acerco a él cuando sale del cuarto de baño (dejé la tronera de la puerta abierta para que viera que estaba diluviando, un apoyo visual en mi cruzada) y le digo, textualmente <<"Padre, malas noticias, como está lloviendo no puedo irme en la bicicleta, por lo que no sé si llegaré a tiempo ¿me puedes acercar tú a Alcantarilla?">>. El tiempo se paró, entramos en un nivel de sueño al más puro estilo Inception  y pude ver a cámara lenta como se le inyectaban los ojos en sangre, como el mismísimo satanás subía desde lo más profundo del infierno y se metía en el cuerpo de mi santo padre para, a través de su boscoso bigote ancestral, bramarme millones de quejas en un tono no muy apropiado para esas horas de la  mañana y con un contenido verbal  muy poco apropiado para la educación de mi petición. Tras un <<"¡¿Tú te crees que aquí yo soy un chófer que tengo que dejar de hacer mis cosas para que tu puedas ganar una mierda de dinero, te crees acaso que puedo solucionarte tus problemas; crees por alguna razón que iba a llevarte a esa mierda para que tú ganes diez míseros euros...!?">>, con saliva a la cara incluida, siguió diciéndome barbaridades típicas de un troglodita excitado, pero yo no las llegué a escuchar, como pasa en algunas películas, dejé de atender, un ruido como en de las pantallas con "suciedad" llenó mi mente cuando me dí cuenta de que había confiando en mi padre y había perdido ¿cuántas veces se puede pensar eso sin llegar a preguntarse cuándo dejó de existir la filantropía? Allí, delante mía, tenía a un señor gritándome a la cara en cámara lenta mientras me preguntaba a mi mismo qué había hecho mal, y cómo coño había llegado a ocurrir eso si ni siquiera lo había concebido como una posible respuesta.  La desilusión había vencido a la rabia, no estaba enfadado.

Iba a llegar tarde, si cogía el tren de las 9:11 tendría solo treinta minutos para llegar, entre lluvia, antes de que empezara el partido. La bronca por no estar allí a las nueve sería enorme, pero no podía imaginar la bronca del secretario si llegaba una vez comenzado el partido. La cuestión: ¿correr por toda la ciudad y llegar empapado sin poder diferenciar entre agua y sudor o llegar elegantemente tarde, asumir la bronca, poner la mejor de las excusas y aceptar el suspenso? ¿Qué tal confiar en que amaine, darme bastante prisa y llegar antes de que comience el partido? Si, era plausible, podría confiar más en el tiempo que en mi propio padre.

Afortunadamente la estación está a 40 minutos de mi casa a un ritmo normal; me preparé la mochila corriendo, cogí dinero, me olvidé de desayunar, me puse el cortavientos, cogí un paraguas y, pasando de la, aún continuada, reprimenda de mi padre, salí por la puerta dando un sonoro portazo. No estaba enfadado, pero si podría hacer que mi padre se sintiera algo afectado. Estaba intentado recordar el plano que miré por la noche en Internet para saber el camino hasta el pabellón, también estaba intentado recordar el nombre de la calle, pero mi cabeza estaba ocupada por un rencor y, extrañamente y no sé explicar por qué me vino en ese momento, la idea de que debería de estar en el cine tocando una rodilla. Acordé pensar en aquello más tarde, podía preguntar cómo llegar al pabellón, sabía en nombre.


Pero la idea de llegar tarde me reconcomía por dentro, es otra de las enfermedades que tengo. Soy un ser bastante imperfecto. Pero tengo mi pequeña dosis de buena suerte, por la calle no había un alma, así que podía maldecir en voz alta aumentando la paranoia y, a su vez, la locura. Atravesando el parque de "La Cubana", ya con los pies mojados y los bajos del vaquero con un color más oscuro, veo a lo lejos un autobús <<"¡Claro, joder!">>, dije en voz alta, el maravilloso y oportuno bus Lorca-Murcia, entre esas ciudades, además de mi hogar, se encuentra Alcantarilla y, como lo he cogido otras veces, sé que para muy cerca de la zona donde está el pabellón. La alegría del momento a poco me juega una mala pasada al eclipsarme la idea de que el autobús no espera a los pasajeros, cierro mi paraguas a toda velocidad y empiezo a correr, faltaban unos 200 metros nada más, iba a conseguirlo. <<"No me lo puedo creer, la potra del siglo">> pensaba mientras corría; llego con el pelo mojado y resbalando a la puerta del bus, me agarro a él para no pasarme de frenada y casi sin aliento le levanto el dedo al conductor como queriendo decirle "no te vallas, por favor"; subo dos peldaños y, ya sea por cortesía, costumbre o porque el mismísimo diablo me metió la mano por el culo como si fuera una marioneta, se me ocurre preguntar "para usted en Alcantarilla ¿verdad?" la respuesta: "No, los fines de semana hay otra combinación...". Escucho como mi corazón se rompe en miles de pedacitos, el infarto deforma mi rostro, los ojos se me oscurecen; sin decir palabra alguna, me doy la vuelta y bajo del bus, abro mi paraguas. Para ser más original estaba intentando pensar en el opening de "Blade: The Edge of Darkness" un videojuego de 2001 con un comienzo tétrico que definía muy bien mi situación en aquel momento, rezaba algo como:
'La luna se teñirá de sangre; el sol se oscurecerá; la tierra será cubierta por las aguas; de sus puestos en el firmamento las fúlgidas estrellas se desprenderán, el fuego y el humo ascenderán a lo alto y chocarán contra el propio cielo'
Precioso.  Pero no recordaba nada y el tick en el ojo empezaba a ponerme nervioso así que me limité a respirar, apretar el puño que no sostenía el paraguas y a decir en bajito "joder, coño". Miré la hora y faltaban veinte minutos para que saliera el tren, llegaría en diez a la estación a no ser que Dios me mandara un oso pardo de 300 kilos para que me matara, porque la única cosa que podía evitar que cogiera ese tren era la muerte y Dios sabía que tendría que bajar él mismo y quitarme la esperanza de mis frías y ateridas manos muertas. Oremos.
Todos pensaréis: "coge ese bus hasta Murcia y luego ve en urbano hasta Alcantarilla que está a un tiro de piedra y ganas algo más de tiempo", bien, yo también pensé eso y cuando levanté la cabeza como gesto de tener una buena idea pude ver como el bus pasaba a mi lado. Me dieron ganas de fumar, lo prometo. En esos diez minutos pensé en mi padre, más concretamente en los padres de los demás; me venía a la mente cualquier otro, que si hubiera llevado a su hijo. Esa idea me puso muy triste, siempre me pone triste porque llevo pensándola desde que tengo uso de razón. Siempre he sentido envidia por los demás niños, en el colegio porque sus padres los acompañan a este y les daban besos cuando los dejaban, y también los recogían al acabar las clases, con algún dulce o zumo. Esa imagen me producía mucha pena <<"¿Por qué yo no?">>, me repetía cada día; ahí aprendí el significado del auto-engaño, pensaba que mis padres me dejaban más "libertad" porque yo era muy maduro para mi edad y podía valerme solo, pero, aunque fuera verdad, una persona no puede auto-amarse, necesita el amor de otras, al menos, yo sí. Todos estos pensamientos llenaban mi mente, de vez en cuando miraba el reloj, cambiaba de pensamiento y de mano que sostenía el paraguas. Llegado un momento decidí que por todo lo que me había pasado tenía permiso para pedirle una cosa al Universo, pedí que si conseguía subir al tren, llegar lo antes posible al pabellón y que no hubiera empezado aún el partido, tener al menos un minuto en el cual mi lengua fuera ágil para poder explicar mi retraso -y mi retraso-, un minuto para plantarme delante de secretario, decirle mi excusa, sentarme en mi sitio y prepararme para rellenar el acta. Un minuto.

Es curioso cómo funciona la mente humana, capaz de recordar hasta el más pequeño detalle y guardarlo para siempre, está ahí en lo más profundo de nuestro subconsciente, ordenado en gigantescos archivadores. Realmente es curioso como funcionan los recuerdos, piensas un momento en algo que quieras recordar, al principio está todo difuso e incluso puede ser inventado, pero es como si una mano buscara en esos archivos, cuanto más tiempo pienses en ello, más tiempo busca la mano hasta encontrar el recuerdo y cuando lo hace, instantáneamente empiezas a recordar todo tipo de cosas relacionadas con ese recuerdo, imágenes, detalles, olores, sabores... hasta el más insignificante fragmento. Pero hay otra forma de recordar algo, a veces un recuerdo se escapa del archivador y como una centella ilumina tu mente en medio segundo, en esta historia, esa centella que iluminó mi mente a escasos veinte metros de la estación de trenes llevaba como cabecera:
'Recuerda que los findes el tren de las 9:11 no pasa' 
Bravo.
No sé como expresar lo que sentí en ese momento. Al principio no confié en ese recuerdo, pero me hizo dudar lo suficiente como para que fuese a mirar los horarios en el tablón, como faltaban diez minutos para que llegaran los supuestos trenes no había nadie, cosa que no me extrañó. Mientras iba andando hasta el tablón empecé a escuchar los latidos de mi corazón en mis oídos, quizá se estaba preparando para que guardara mi rabia otra vez o quizá eran imaginaciones mías. Me paro frente al tablón, dirijo mi vista hacia Águilas-Murcia del Carmen, bajo la vista unos centímetros y ahí veo el horario de mi amado tren, también me fijo en la (a) que hay a un lado, en la misma fila, una (a) que significa: Circula de lunes a viernes excepto festivos. "¡Crac!".

Cuando vayas a leer este párrafo, imagínate todo lo que describo a cámara lenta, pues yo lo viví de ese modo. El paraguas se me resbaló de la mano y cayó al sueño, apreté los puños con tanta fuerza que se convirtieron en dos piedras lapidarias, abrí la boca y rugí con tanta furia que los pájaros que habían en los árboles salieron volando asustados, dirigí mi grito desesperado al cielo y empecé a golpear el tablón de los horarios. No me lo podía creer, era el mayor de los idiotas, un idiota cuerdo que golpeaba más fuerte con la izquierda porque necesita la derecha para escribir. Un idiota pagando su mala suerte contra un objeto y gritándole a Dios que era el mayor hijo de puta de la historia. Iba de un lado para otro lanzado maldiciones y   bailando los puños como un niño pequeño, no cabía en mis cabales. Los ojos se me inundaron de lágrimas a causa de la rabia y la impotencia acumuladas. Pero aquello no era todo, por si hubiera algún un maleficio que hubiera engañado a mis ojos, miré una y otra vez el horario hasta que mi cerebro entendió que era lo correcto, pero me fijé en una cosa más, el tren llegaba a Alcantarilla a las 9:29, había calculado media hora de camino, no podía ser cierto ¡ahí estaba el minuto que le había pedido al Universo! Mi puñetero minuto servido en bandeja de plata. La carcajada se apoderó de mi como la paranoia de un loco conspiratorio, no podía parar de reír, era como si el cosmos entero se estuviera riendo de mi, cada estrella, cada firmamento, cada planeta, astro o polvo estelar me señalaba con el dedo y soltaba un risotada que retumbaba en todo el techo espacial. Y yo reía con ellos. Reía de una forma exagerada, si alguien me hubiera visto, hubiera pensado que estaba loco, un hombre empapado sujetándose las sienes, riendo sin parar con una sombría carcajada y con un paraguas abierto tirado a su lado en un escenario de una estación fantasma. 

Me calmé pasados unos minutos, era cierto, el tren no pasó. Cogí mi paraguas y le pregunté a Dios que "¿por qué no me partía en dos con un rayo?" <<"Si quieres me pongo cerca de ese gran árbol, así te será más fácil apuntar y acertar">> le dije. Tardé más de una hora en volver a casa, estaba empapado, triste y los coches que pasaban por mi lado no aminoraban y me mojaban más los pies con el agua que salpicaban, <<"Gracias">> decía cada vez que me mojaban. Es cierto que pensé más en esos diez minutos que tardé en llegar a la estación de trenes que en esa larga hora que tardé en llegar a mi casa, creo que se debía a que la tristeza, al desilusión y el sentirme un fraude era ya suficiente para mi cerebro. Ya no estaba enfadado, ni con Dios, ni con el Universo, ni con mi padre; tampoco me quería morir. Recordé aquel deseo que tengo desde pequeño, el deseo de formar una familia en un futuro, mi mayor sueño. Por eso no quiero morir, porque ese deseo de cumplir mi sueño y, en un futuro, el propio amor que sentiré por mi familia, me hacen comprender que la muerte no es una opción.

No os preocupéis, he escrito esto durante esta mañana, al principio aún estaba consternado pero al final incluso me reía de todo. Perdonadme, también, alguna falta que se me haya podido escapar.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Nací en la época equivocada.

¿En qué piensas cetáceo calcáreo? Tú qué crees...
Se esa es la respuesta correcta. Lo de la época me viene porque me he dado cuenta de que soy un anciano, no me interesa la tecnología, no soy bueno a videojuegos, no estoy con la cara pegada a un smartphone (pero tengo uno), no visto a la moda ni me interesa, no me gusta la fiesta... Soy un ser chapado a la antigua, prefiero una buena película en casa antes que un botellón o relamidas escrotales en una discoteca.Sé que no son suficientes razones para decir que nací en la época equivocada, pero puedo convenceros.


Siempre me he imaginado luchando en una gran guerra. Sé que no sería un héroe, tampoco un gran soldado, quizá un cobarde que disparara desde la trinchera y no asomara la cabeza nunca, me excusaría diciendo que ahorro munición o tal vez me hubiera librado de ir por miope o gordinflón. Si vamos más atrás, también me he imaginado como un chico con gorra y trapos sucios, siendo un pillo de calle que al final acaba muerto por mala suerte. ¿Veis lo que os digo? Nunca me he imaginado como astronauta, corredor de carreras o creador de una super app.

Tengo otros pensamientos más familiares, desde el día que nací soñé con ser padre, era el fin en mi vida, mi destino y mi objetivo principal. He soñado con una vida rutinaria, madrugar, trabajar, comer con mi familia, recoger a los niños del colegio, ayudarles a hacer los deberes, acostarlos y hacerle el amor a mi mujer. Pensareis ¿qué aburrido? Pues no, bueno eso que he descrito si, pero como sé que estoy loco y soy imprevisible, sé que haré reir a mi mujer, seré un padre guay y nuestras vidas serán felices y nada aburridas. Lo tengo claro.


Además esta vida no es la mía. Me cuenta una buena amiga que no puedes decirle a una chica que te gusta lo guapa y preciosa que te parece, lo inteligente que es y lo bien que te hace sentir. No puedes decírselo porque "le subes el ego y acaba creyéndoselo y eso es malo",  no puedes decirle cosas bonitas cada día porque "eso es chuparle el culo" y no puedes enamorarte de ella porque "eso es hacerse ilusiones falsas". A mi me gusta hacer que la gente se sienta bien. Me gusta hacerlos reir, disfruto viendo como se hace el bien. Y si no puedo decirle a esa chica lo perfecta que es y lo mucho que me encanta porque es algo atípico, este no es mi mundo.

No es mi puto mundo.

martes, 7 de agosto de 2012

Reemplazo

¿Qué es lo que más te duele? Supongo que el simple hecho de no poder hacer nada.
(...) nada...
No dejo de pensar, no puedo mantener la mente en blanca. Se perfectamente, capullos, que es imposible dejar de pensar. Siempre tienes la mente llena de basura, una canción, una idea, un origen, algo. Pero se dice esta frase hecha cuando no has dejado de darle vueltas a una misma cosa durante mucho tiempo. Pensar las cosas demasiado siempre lleva al hecho de meter la pata en una proporción directa, meterla hasta el fondo y quedarte con cara de tonto mirando a la derecha de la pantalla de tu ordenador, esperando algo que quieres que llegue, no sabes qué será, pero sabes qué quieres que diga.

Ahí no acaba la cosa, apoyas la cabeza en la almohada e intentas ver algo en la oscuridad, la lámpara que cuelga del techo, la mesa, la silla, incluso intentas ver los pequeños salientes del gotelé, que los imaginas, crees que los ves pero sabes que es imposible. Entonces te quedas mirando al techo, se te abre la boca sin querer, le das vueltas y vueltas para acabar echándote las manos a la cara y rascandote los ojos que te pican porque te has olvidado de parpadear. Luego notas la falta de aire, el corazón se acelera y recuerdas que tienes que respirar, tomar oxigeno para vivir. Yo prefiero no acordarme de respirar, así me falta el oxigeno y me duermo antes.


Saber que no tiene razones para lo que hace. Saber que es todo un malentendido. Saber, tanto saber y no saber qué hacer. Te despiertas temprano pensando en lo mismo. Justo antes de despertar has visto un rostro, lo único que te hace feliz ya que no recuerdas su voz. Se mezcla con el pasado y se hace incomprendible, recuerdas frases que te ha dicho, palabras, pero la voz quedó olvidada. Intentas volver a dormir, volver a soñar con lo último, con la belleza pero es imposible, el cerebro vuelve a ponerse al 300% y no eres capaz ni de mantener los ojos cerrados. Das vueltas en la cama, imaginando que la besas, imaginando que todo es diferente hasta que te parece buena hora para levantar el culo de la cama y ponerte a hacer lo mismo que hace un mes: NADA. 

Si algo me caracteriza es que soy un jodido cabezón. Cabezón, cabezón.

lunes, 6 de agosto de 2012

Sueño de una noche de verano.


… 1:23:45 de la mañana…

Tras cerrar los ojos me encuentro subiendo en un ascensor, llego a mi planta y tocó en la puerta correcta. Como siempre toco con los nudillos, el timbre no existe. Desde dentro se escuchan ruidos, murmullos, risas, pasos y el pomo. Allí estabas, delante de mí; había ido por ti y aún llevábamos medio minuto sin decir nada, y sin seguir gesticulando palabra alguna nos besamos chocando nuestras caras que se juntaron como un reloj de Dalí. Tras medio minuto nos separamos y mientras formaba una sonrisa picaresca me pegas un directo en la boca que me hace tambalearme “¿por qué has tardado tanto?” dices, yo me tapo la boca, quizá por vergüenza pero me ardían las venas “maldita seas” digo entre dientes. 

Me coges la mano me metes para adentro. Es el mismo piso donde vivía mi ex, nada mas entrar se ve el salón, allí estaban tus compañeras, vestidas con una túnica negra, haciendo un circulo en medio del salón se giran “¿quién es?” preguntan al unísono, “un amigo” respondes, “si… un amigo..” respondo yo. Me da tiempo a levantar la mano tímidamente antes de que me metas de un empujón en tu habitación. Cierro la puerta de un portazo, la boca ya no me duele, pero estoy cabreado “te has pasado”, así que me acerco a ti desafiante para volver a besarnos.  Todo cambia, se vuelve negro, estamos en la cama jugando, te pregunto por qué me has pegado y me respondes que no lo sabes, con una sonrisa picaresca, mirando hacia otro lado (curiosidad, libido, hormonas, lujuria, llámalo cómo quieras).

 

Cada uno a un lado de la cama, mirándonos, sabíamos el momento, los besos ahora son infinitos, imposibles de contabilizar, ocurren como estrellas. Nos desvestimos, me arrancas la ropa, te la quito, te pones encima, me vuelves a pegar, más suave, el cariño sustituye a la rabia, aparece el deseo. Te digo que te esperes, que antes tengo que hacer algo, cambias la expresión de tu cara, no lo entiendes, pero te sonrió y te pido permiso para besarte ahí abajo, quiero bajar por ti, me muerdes y de lo devuelvo. Te tiro a un lado, ahora me toca encima, me arañas la espalda, estás ansiosa, yo quiero ir despacio para pincharte, me rio de ti y mientras bajo a tu pecho, me agarras de las orejas. Las estrellas alumbran cada parte de tu torso, no me puedo creer que aún lleves los pantalones puestos. Te los voy bajando sin dejar ni un centímetro sin luz estelar. Suceden los gemidos, las risitas, los “cállate”; suceden los movimientos de cuerpo simbióticos, bailamos una melodía sensual, una sinfonía que ahora iba por el primer movimiento. Me empujas la cabeza, aún voy por el ombligo, las risitas vuelven, las miradas, para arriba y para abajo, durante segundos. Tienes las piernas inquietas, te las sujeto con las manos, las acaricio, ascienden lentamente a la par que mi boca desciende. Ya sabes donde se van a encontrar. Sucede una cruzada cristiana en tu matriz. Ahora la sinfonía cambia a vals, mi boca pide permiso con una reverencia que tu labios aceptan cortésmente, bailamos durante horas. Tu cuerpo responde con un contra ritmo, de acá para allá, los gemidos evolucionan, la fuerza fluye, aprietas, tiras de mi pelo; me rio, “no pares”, “vaya”, “cabrón, no pares”.  Todo llega, se nota, los afluentes se juntan,  sube la marea, se nota, lo noto. Me emociono, me atrevo a mirarte, eres una diosa sentada en su trono, haciendo lo que quiere, cogiendo posturas raras, mojándose los labios con la lengua, respirando por la nariz tan fuerte que hace hasta ruido.  Sigo el ritmo que me llega de tu corazón, aumento como aumenta este, me sujeto en tus muslos, te mueves demasiado, me haces daño en el pelo, me arañas; todo llega y acaba con un grito y fundido a negro.

Lo demás un  vago recuerdo, los ojos tapados por tu pelo, moviéndonos de aquí para allá, siempre unidos como dos piezas perfectas.  Nos abrazamos y nos arañamos, aparece un odio y un cariño que se quieren con locura, no se dejan escapar. Encima, debajo, a un lado, contra la pared, en el suelo. Nos reímos casi sin darnos cuenta, solo abrimos los ojos para mirarnos el uno al otro, no necesitamos mirar qué hacemos, nuestras manos nos guían, nuestro cuerpo responde a cada estimulo. Nos sentamos en la cama, una encima del otro, escondemos nuestras caras en el cuerpo del otro y casi sin aliento terminamos apoyándonos contra la pared, de lado. Nos cuesta respirar, no decimos nada, de vez en cuando una risa minúscula. Aún unidos, caemos hacia atrás y por fin abrimos los ojos para vernos lacerados, mordiscos por todos lados, moratones y sangre en los labios, parece que acabamos de beber sangre de los rojos que los tenemos. Caemos rendidos ante la fatiga y volvemos a ser tú y yo, dejamos atrás el ser unido. El agotamiento se apodera de nosotros y tras un último vistazo al amante, cierro los ojos, pero antes de despertar me doy cuenta de que me has abrazado para dormirte.

… 10:01:45…

jueves, 2 de agosto de 2012

Lavidaesunaputamierda

¿En qué piensas? En nada, creo que estoy depre o volviéndome tonto. Yo creo que ambas cosas.
Volvamos al pasado. Demos un paso atrás, uno o dos, los que hagan falta para encontrar aquello que llamaban "la vida". Es complicado entender -no entender, si no asumir- que todo es caca y meaos en estos tiempos, si la vida fuera un paseo, ahora estaríamos pasando por ese túnel subterráneo que toda ciudad tiene, lleno de pintadas, "PxA, 4ever, te amo" y lleno de pipises.

Esa "P" y esa "A" hace tiempo que cortaron, quizá solo se dieron un besito o quizá una se quedó embarazada y ahora deje a la criatura con los abuelos para salir de marcha el fin de semana. Sea como fuere , he aquí otro claro ejemplo de que la vida es una mierda. Esa muchacha no quería quedarse preñada y mucho menos estaba preparada. El padre que se la folló sin goma quizá trabaje en alguna fábrica de textil, ganando lo mínimo para tunearse el seat león y pagarse los vodka con limón en la discoteca de turno.

Como algunas veces hemos visto en el cine o televisión, la vida es bella para aquellos idiotas que no quieren ver cómo es en realidad, el hedor que desprende, la maldad personificada... todo está ahí, pero aún quedan hippies que se van a un prado del extrarradio con su reflex y se echan fotos con una falsa sonrisa con "la vida" de la naturaleza a las espaldas. Y no se dan cuenta de que hay un puto cartel de 20x15m que dice "Urbanización "El Pepinillo" 2.000 viviendas". Pero ahí están, diciendo que son felices porque estudian lo que aman, van a festivales de música que aman, tienen un jodido gato, la habitación llena de atrapa sueños, póster de Nirvana, de Jim Morrison; una lámpara de lava, vinilos de segunda mano, una guitarra, libros de mercadillo, un corcho con fotos de sus amigos, primeros planos de ojos, caracoles en hojas de otoño... todo eso les hace feliz. Yo creo que eso les da una sensación de felicidad lo suficientemente grande para que dejen de fijarse en la realidad y puedan, al menos, tener una vida normal.



Yo estoy triste, negativo... no quiero hablar. Si mi padre me dirige la palabra, por lo que sea, acabamos discutiendo, lo busco yo, está claro. Pero no se da puta cuenta de que no estoy para eso. Nadie se da puta cuenta. Lo peor de esto es que pasa despacio, lo mejor que siempre acaba pasando, pero mientras eres Logan, estás en el infierno y lo único que sientes es (....).

lunes, 23 de julio de 2012

Ba dum pis

Entiende una cosa, te lo has buscado tú, sin más, deja de echarle la culpa a Dios, el universo o tu mala suerte. El único que tiene la culpa de todo eres tu. Gordo.
Y así, sin más se fue. No es extraño que lo que más recuerdo sea la parte de atrás de su cabeza, su espalda... y no de índole sexual, marranos, si no como algo triste y bonito. Como esa mano que se escapa de la tuya, el último contacto, el último latido del corazón. Eso es así.

Gñarp

¿Difiere el mundo real de la ficción? Si, no, nunca lo habia pensado... Pues pequeños seres, mierdas cantantes y danzante de este mundo, tengo la respuesta: si. Ni los bomberos atraviesan paredes de ladrillos con un niño al hombro, ni te conviertes en superhéroe por la picadura de un insecto, ni sobrevives a la explosión de una bomba nucelar metido en una nevera, ni tus sueños (o simplemente, expectativas) se hacen realidad por mucho desearlos.

La vida es una mano gigante con un guante de cuero sádico, que te abofetea cada vez que fracasas. Es esa mano que te zarandea cuando tienes un sueño perfecto. Esa mano que te pellizca cuando sueñas despierto. Mano estúpida. "Nuestras vidas son los ríos  que van a dar en la mar", lo que no dice es que ese rio está lleno de piedras que te rajan la piel, rápidos y cocodrilos. No es un jodido rio como caldo pollo, es una marabunta de agua con mala leche que te petea el higado hasta convertirlo en merienda. Golpe tras golpe, sacas la cabeza del agua, para tomar algo de aire y ver como hay gente que baja por el puto rio en barcos de acero, incluso en aviones a 10.000 pies de altura; sacas la cabeza lo justo para tomar un respiro y darte cuenta de que, tanto por encima de la superficie, como por debajo, todo es mierda.

jueves, 19 de julio de 2012

Lo mismo hasta tienes crios

Y lo fácil que es imaginar ser "ese" y no yo... capullo.
Sinceramente hoy encuentro un vacio emocinal que debía de ser mi miembro masculino en un pasado, como tengo un sitio en esta red llena de pornografía y estafas, pensé que seria bonito ponerlo aquí.
Pero la noticia no es que el logo de 'Londres 2012' parezca una figura erótica, en la que Lisa Simpson le pronporciona placer oral a su hermano, provocando el mayor de los más crueles incestos de la historia de la humanidad; la noticia es esa puta vieja amiga llamada ilusión  ha llamado a mi puerta con una cestita llena de amargas promesas y dulces mentiras, esperando paciente a que meta la mano para ver qué cojones saco.



Pensareis que la ilusión no es mala, pero claro no sois yo y tampoco teneis mi mala suerte. Imaginaos por un momento que os prometen un teléfono móvil -para que os lo metais por el culo-, en vuestro caso trendreis una ilusión de vuestro trasto preferido, un Iphone o alguna polla con 3G. En mi caso mi ilusión se empalma, creando un movil imposible que puede volar, asar salchichas en su pantalla y hacerme llegar a la luna para follarme a una extraterrestre cachonda de cómoda vagina espacial.
Podria Nikola Tesla bajar del cielo y darme una somanta ostias por ser tan ignorante o estúpido, pero no cambiaría mi tonta mentalidad ilusitoria. Así, como quien bebe un vaso de orín, subes alto, pensando en lo mejor, en la felicidad, en la compañia, en los besos, en las caricias, en todo lo inventado por el Hombre... para luego, caer desde lo más alto y al llegar al suelo desear ser otro tipo de persona. Más recta, razonable y sensata, pero ¡qué coño!, caida tras caida, seguiré pensando que esa chica me quiere tras el primer hola.

martes, 5 de junio de 2012

Ranura de memoria 4 – Presente


Jueves, 24 de mayo de 2012

Durante los siguientes días no había llamado a Alex, él tampoco había dado señales de vida. Por una parte estaba nervioso, esta historia iba para largo e íbamos un tanto retrasados, pero por otro lado, no me apetecía verlo. Una pequeña parte de mi aún estaba un poco resentida y el tiempo es lo mejor para olvidar. 

Hacia una semana que no nos veíamos, quizá ya era hora de llamarlo, pero yo había tenido un percance con los médicos, me habían diagnosticado un sinus pilonidal en la baja espalda y me había operado hace 3 días. Estaba recuperado, aunque aún tenia dolor y no podía permanecer mucho tiempo sentado, el menos mi trabajo era de pie y hace unos días nos dijeron que algunos íbamos a cambiar de programa o incluso se hablaba de operarios de cámara para un rodaje de una película. Yo me ofrecí voluntario para esto último, quería oler de nuevo un set, meterme en ese mundo y, quizá, podría dejar caer un libreto delante de las narices del productor de turno. Tendría que adornarlo como nunca, hacerlo tan comercial como un anuncio. También podría rodarlo por mi cuenta, no era una superproducción y me debían favores. Favores. Gente.

Viernes, 25 de mayo de 2012

Desperté temprano, justo antes de que sonara el despertador, pero como siempre, puse la mano sobre él y esperé a que sonara para apagarlo. Cogí el móvil y me decepcionó no ver alguna llamada perdida o un sms, pero claro, no creo que fuera a llamarme por la noche.  Me duché, salí de mi casa, cogí el coche y me dirigí hacia los estudios.

Llegué media hora antes sin darme cuenta, así que me escondí detrás de la maquina del café, había una pequeña sala para los recambios de los focos. Nadie entraba allí nunca, salvo para echar un polvo rápido si te había entrado el calentón con la jefa de caterin. Solo lo habíamos hecho una vez y encontramos ese sitio de pura chiripa y menos mal, yo ya no llevaba los pantalones puestos.
No la volví a llamar después de eso. Quizá ahora estaría saliendo con ella y con planes de boda e hijos. Simplemente esa idea me revolvía las tripas, no la idea de ser padre o esposo, si no la idea de no tener aún alguna de las dos cosas.

Por alguna extraña razón me bajé los pantalones y me saqué el pene, pensaba masturbarme allí mismo recordando aquel maravilloso polvo, pero justo antes de empezar escuché al jefe en la máquina de cafés, estaba hablando otro hombre.

-          ….el problema viene de a quién te quieres llevar.
-          Bueno, evidentemente, quiero al mejor. Estamos hablando de una producción de hollywood.
-          Bueno tengo un cámara con bastante experiencia, es el que hace los planos de cámara, creo que antes era director… si tiene varios trabajos independientes y algunas producciones.
-          ¿Es profesional? Bueno parece que tiene experiencia
-          Si claro, es un buen cámara, puedes llevártelo a Inglaterra sin problemas y …

No me lo podía creer, ¿Inglaterra? ¿Qué demonios significaba eso? El cabrón los lo había ocultado y la jodida suerte ha estado esta vez de mi parte. No quería irme, ahora no. Sin subirme los pantalones salí de la sala de recambios para focos y me presenté delante de los dos hombres trajeados. Ambos se quedaron petrificados al verme de repente, pero sus caras se transformaron en un cuadro de Dalí al verme la polla colgando por fuera del calzoncillo. Antes de que pudieran decir nada, les tiré el café encima, me subí los pantalones y salí de allí con paso firme. No entendía lo que me decían pero el revuelo era impresionante y supongo que los insultos saltaron como chispas de petardos. Salí a fuera evitando la metralla y subí a mi coche. Lloré durante todo el camino a casa.

Sábado, 26 de mayo de 2012

Desperté tirado en el suelo junto al sofá, al moverme sonaron algunas de las botellas de ginebra que compre de camino a casa. Había cogido la mayor de las borracheras para intentar buscar una respuesta a mi actuación de ayer, si es que era sábado, quizá llevaba inconsciente dos días. Busqué a tientas el teléfono móvil pero lo único que encontré fueron más botellas y trozos a medio comer de pizza.

La había cagado, eso estaba seguro, di por hecho que me habían despedido, ahora no tenía trabajo, así que tampoco una fuente de ingresos, pero si unos suculentos ahorros. Aquel no era el problema, lo era el hecho de haberme comportado como un sucio estúpido, un marrano obsceno. Quizá tuviera alguna denuncia, pero quizá también lo achacarían al trabajo y al estrés y mis compañeros habían presionado para que el jefe no me denunciase. Pero claro, salvar mi puesto era imposible. La había jodido delante de aquel magnate mediocre y por tanto, mi jefe no podía hacer la vista gorda, ya que su puesto quizá también corría peligro. Quizá también debería de buscar otro quizá también, hasta mis pensamientos son repetitivos.

En ese momento sonó el jodido teléfono taladrándome los tímpanos como una manada de hunos; entre abrí los ojos y lo encontré, al fina, debajo de una caja de pizza con una polla de considerable tamaño dibujada  en la parte superior. Antes de descolgar pude ver unos 13 mensajes “tengo amigos al fin y al cabo”, pensé. Me puse el teléfono en la oreja.

-          Brup (eructo) ¿Si?
-          Emh, hola soy –
-          Ah ¡Alex! Cuanto tiempo (maldito enano cabrón) ¿Qué tal? (Rata asquerosa)
-          Emh bien, je, gracias. Oye, ¿estás bien? (¡Qué si estoy bien dice!) Te noto la voz un poco tomada…
-          Bueno, brup, he cogido algo de frio esta noche. ¿Qué querías? (enano asqueroso)
-          Emh, ya he terminado todo lo que tenia que hacer (mentiroso cabrón) así que cuando puedas podemos retomar nuestro proyecto.
-          Si, si claro (¿podrías haber llamado antes no?) cuando te venga bien.
-          Pues te llamo para concretar, en un dia o dos, para que te mejores de ese constipado (si, mejor que no aparezcas por aquí pronto porque ¡te arrancaría esa cabeza de enano que tienes!)
-          De acuerdo. Hasta luego campeón.

Me quité el teléfono de la oreja, le grite ‘cabrón’ con todas mis fuerzas. Me levanté, abrí una ventana para que se oreara el salón y tiré el teléfono a tomar por culo. Tras hacerlo me di cuenta de que lo necesitaría para recibir la llamada de Alex, pero bueno, tenia tiempo, pero no para recoger está mierda de salón. Me fui a la ducha y me limpie toda la porquería, tanto la que tenia por haber dormido sobre trozos de pizza, como la emocional.

Martes, 05 de junio de 2012

-          Ya era hora de que llegases ¿no? – le dije con enfado a Alex, llevaba esperando 10 días a que apareciera por mi casa y llegaba una hora tarde –.
-          Perdón, perdón – dijo entre risas – es que casi lo olvidé.
-          ¿Casi lo olvidas? ¿Cómo es eso? Una cosa se olvida o no… pero casi olvidarla…
-          Bueno – soltó una risotada – es curioso, sabia que tenia que venir, pero antes de salir me puse a pensar qué decirte y casi lo olvido. Sabia que tenía que venir, pero no recordaba que tenía que venir ¿me explico?
-          No – yo también reí – creo que se te da mejor contar historias que explicarte.

Me miró con una sonrisa. Parecía que estaba contento por venir aquí, le gustaba contar su historia aunque le doliera el simple hecho de hacerla. La última vez que me llamó, hace diez días, me volvió a llamar unas horas después, me confesó que su madre estaba ofuscándolo para que dejara de venir. En una comida se le había escapado nuestro secreto y a su querida madre le parecía un puto violador de niños y no quería que Alex volviera a mi casa. Sabía que él podría solucionarlo así que le dejé margen (tiempo que utilicé para beber y estabilizar mi vida) para que el mismo lo arreglase y aquí lo tenemos, suelto como un pavo real, a sus anchas,  libre; no le tenia que decir qué hacer, el mismo se sentó en su silla delante de la mía y esperó a que yo llegara con refrescos y algo para picar.

-          Así que todo solucionado ¿no? Tu madre por fin te ha cortado las cadenas.
-          Si – bebió un poco – fue complicado convencerla, tuvimos que ver todas tus películas y cortos.
Reímos durante un par de minutos.
-          Veo que has tenido que utilizar la artillería pesada y dime, ¿qué le han parecido?
-          Le gustaron, aunque parezca increíble. Después de verlas hablamos sobre este trabajo, incluso estaba interesada, yo a mi madre no le cuento nada.  Aunque no le gustó la idea de que te contara todas mis intimidades aceptó cuando le dije que si el proyecto saldría adelante ganaríamos mucho dinero y la llevaría a una gala.
-          No está bien mentirle a una madre – reímos durante otro par de minutos. Estábamos a gusto y eso se notaba en el ambiente – pero quizá tengas razón. Quien sabe. Quién.
-          Si… quizá.

Tras una larga pausa donde cada uno imaginó lo que quería imaginar (yo por mi parte imaginé el estreno en un pequeño cine, advirtiendo al público que esta seria la mayor confesión de la verdad que jamás iban a ver), le dije con la mano que podía comenzar cuando quisiera y encendí la grabadora.

jueves, 17 de mayo de 2012

Ranura de Memoria 3 – Presente

Jueves, 17 de mayo de 2012

Durante todos estos días había dormido como un bebe. La imagen de los pechos de mi ex siempre estaba presente.  Hacia tiempo que no me dedicaba tanto tiempo, hacia siglos que no me sentía tan bien conmigo mismo y todo era gracias al amor que desprendía aquel chico y que, de alguna manera, me había empapado.

Incluso llegué temprano al trabajo, aunque en vez de estar atento solo estaba pensando que aquella tarde y, que después de tres días, volvería a ver a Alex. Esto produjo que me echaran la bronca los de producción, ya que estaba despistado y me comí dos cambios de cámara, tampoco me había estudiado las plantas de cámara así que estaba a ciegas y me las soplaba el operador de sonido que tenia detrás. Solo pensaba en trabajar lo más rápido posible para terminar y llegar pronto a casa, cambiarme, limpiar un poco y esperar la llegada de Alex.

Volvería a sumergirme en su mundo, volvería  sentirme cálido abrazado por sus palabras; y por la noche volvería a dormir bien, ya que durante esa noche sería una persona diferente, romántica y sincera, por lo que el sueño me trataría bien. Había transcrito ya la primera parte de la historia en estos tres días, también le había sacado una copia para él y seguro que le gustaba, ya que una cosa es tenerla en mente y otra leerla como si fuera una novela sobre ti mismo. También había esbozado un guion, solo el principio, pero esto es solo para mí.

Salí del despacho del jefe de personal tras una bronca monumental que me había pasado por los huevos, cada vez que el Señor Prim dejaba de hablar, asentía y decía que “si” como un robot. Quizá me habían despedido, no lo tengo claro, pero si lo hubieran hecho me habría dado algún papel para firmar, así que conservaba el trabajo. Era importante tener un dinero para empezar el proyecto, ese proyecto que me sacaría del fango.

Llegué a casa las tres y media, tenía hasta las cinco para comer y limpiar algo. Me preparé un paquete para microondas, tenía fideos y arroz con pollo. Me había acostumbrado a comer esta porquería en los rodajes,  aunque tuviéramos cáterin siempre me quedaba en el set, mirando y probando cámara. Hecho de menos esa sensación y esa libertad de no tener un jefe en la oreja.
Eran menos 5, me notaba nervioso y no sabia exactamente por qué. Cambié las pilas de la grabadora la dejé sobre la mesa al lado de la libreta. Me froté las mano… sonó el teléfono.

-           ¿Sí?
-           Hola, soy Alex. Estoy abajo

Le abrí la puerta y esperé sentado; esta vez, quería ver como llegaba y se sentaba en frente de mí, con esa parsimonia que lo caracterizaba. Así llego, me tocó en el hombro y le miré: llevaba una chaqueta sencilla y unos vaqueros raídos. Se sentó enfrente de mi, saludo otra vez y dejó una pequeña cartera a los pies.  Nos miramos sin hablar un rato y comenzó su historia.

Ranura de memoria 3 – Pasado



Soy un chico tímido, lo admito, no es algo de lo que me avergüence, pero si me molesta bastante cuando me siento inseguro, me cabrea. De pequeño era igual. Tenía una seguridad de acero cuando estaba solo y hacia cosas, si dibujaba, hacia los trazos sin miedo a borrar o a que me salieran torcidos, si tenia que hacer un círculo no lo pensaba dos veces o ensayaba encima del papel. Lo hacia y punto. Pero luego en clase de plástica o cuando mi madre me miraba era distinto. Dudaba, quería hacerlo demasiado bien, así que pensaba que si lo hacia mal defraudaría a la gente, ese miedo me hacia estar inseguro y por lo tanto, fallar. 

Con las chicas igual, nunca hablé solo con ellas, lo típico, “hola”, “adiós” nada más que yo recuerde. También ayudaba que yo era el “grande” de la clase, el gordo, la diana de bromas, el malo en gimnasia. Para las chicas solo era aquel bulto de carne y ropa usada que a veces se apartaba para dejarlas pasar. Pero no todas era así, generalizar es malo, no se debe de hacer, pero es lo más sencillo.
Había una chica, Nuria un poco desaliñada en la forma de vestir o de peinarse, siempre la típica coleta rápida. No era de las populares aunque no las tenía como enemigas, algo muy bueno. Tampoco era muy guapa y llevaba gafas; estaba flacucha y era un poco arpía, eso hacia que me interesara por ella, pero como amiga. Solo como amiga. Era muy divertida, me hacia reír y yo la hacia reír a ella. Pero desgraciadamente, en aquella época ser amigo y amiga sin formar parte de un grupo estaba mal visto, era raro, así que duró poco, no nuestra amistad, si no nuestra imagen pública de amigos. Cuando cambiábamos de sitio en clase para que todos estuviéramos con todos, cuando me tocaba ella, volvíamos a las andadas, reírnos y tratarnos como igual y, por supuesto, el amor no estaba presente, estaba dos sillas más adelante, delante de una coleta rubia bien peinada. Allí estaba, cambiada y siendo la reina de la clase.

Si antes no le decía nada, bueno, tampoco conocía lo que se hacia con novia o como se utilizaba el amor. Pero ahora era imposible, había desarrollado su cuerpo en verano, como si se hubiera metido en un capullo y hubiera salido mariposa. Una hermosa mariposa. Esos pechos que nadie sabia qué hacían, ese culo que en gimnasia todos miramos, incluso el profesor, aunque lo negara rotundamente ante el director. Fue una historia rara, en medio de una clase fui al aseo, pasé por delante del despacho del director (creo que ahora es el mismo) y estaban discutiendo sobre eso mismo, se escuchaban lo gritos de director apagados y las réplicas inacabadas del profesor de gimnasia. Al volver del cuarto de baño, salió el profesor del despacho como las balas, ni me miró, tuve que apartarme, pero era evidente que estaba cabreado y si llega a ir más rápido le hubiera prendido fuego a los pantalones de chándal que llevaba. Entonces caí en la cuenta de por qué nunca corría con nosotros, nos hubiera ganado a todos y nos sentiríamos mal, el tío era súper rápido, tanto que no lo volvimos a ver.

Creo que la razón por la que no le dije nada está clara, era superior a mi, tanto social como personal, ella merecía al fuerte de la clase, o al rápido, o al listo. No al normal cuyo peso no era normal. Pero no todo estaba acabado, pasaron los años y yo seguía mirándola de lejos, inventándome historias en casa, salvándola de dragones, de la guerra o cruzando un depósito de agua por ella, como en la película The War protagonizada por Elijah Wood. Me marcó esta película, así como Mi chica aunque está me marcó antes y me enseñó lo que un chico puede hacer por una chica que le gusta. Todo esto para una tarde, ver como mi padre le regalaba una joya a mi madre, no recuerdo que era, pero sí que les robé la caja donde iba. Vi la reacción de mi madre así que deduje que haciéndole un regalo a Paloma la conquistaría o haría que al menos se fijara en mí. Como no tenia dinero le pedí a mi padre que me comprara una joya, la respuesta era obvia así que tuve que apañármelas. De pequeño era muy curioso y lo miraba todo, así que sabia donde guardaba mi madre todas sus cosas, así que una tarde busqué en su cajón alguna cosa que no utilizara, alguna joya que hacia tiempo que no se ponía, yo había hecho mis deberes – no los del colegio, esos nunca- y me había fijado en las orejas de mi madre toda la semana, así que busqué unos pendientes que nunca se ponía. Encontré unos rojos que jamás se los había visto puestos, eran pequeños y perfectos rubíes falsos con un pequeño gancho para colgarlo de la oreja. Los cogí y los guardé en la caja.

Como era tan inteligente había contado cuantas semanas faltaban para sentarnos juntos, era fácil, los de la mesa de la izquierda se movían hacia atrás un sitio cada dos semanas y los de la derecha lo mismo, así todos estábamos con todos. Dejando al azar calculado actuar, llegó la esperada semana que la tendría sentada a mi vera.  Como no, tratándose de mi, esperé al Viernes, bravo. Tenia guardada la caja en el estuche, había pensado si dársela sin más, contárselo todo y decirle que no dijera nada hasta el final como vi en una película, pero no, decidí hacerlo a mi manera. Tiré el escuche al suelo “sin querer”, como estaba abierto se esparcieron las cosas y las fui subiendo a la mesa una a una, incluida la caja con el regalo, bajé otra vez al suelo y esperé allí, doblado como una alcayata hasta escuchar el “¿y esto? ¿Qué es?”. ÉXITO. Subí de nuevo, con una cara radiante de felicidad, dispuesto a decir “un regalo para ti” pero en vez de eso, dije “un regalo para mi madre”. Cagado. Me di cuenta mientras lo abría y decía que eran preciosos que había sido un cagado de mierda y un subnormal. Siguiendo mi propio rollo le pregunté si pensaba que le gustarían, me dijo que a cualquier mujer le gustarían. En ese momento me sentí peor que nunca, vacío, roto y desmembrado por un montón de aguiluchos feos que me arrancaban la piel a tiras. Guardé la cajita en el estuche de nuevo, con mi mejor sonrisa y terminó la semana, aunque para mí, el año, la vida y el momento.

Creo que aquí queda demostrado como soy y seré durante todas estas historias.

Ranura de Memoria 3 – Presente 
-           Vaya, eras un idiota – le dije bromeando, porque al acabar tenia una cara triste que llegaba al suelo - pero un idiota subido ¿eh?
-          Si, quizá si.
-          Eh no, era una broma. No te lo tomes a mal, le podría pasar a cualquiera.

Allí estaba, sentado frente a mí, mirándose los pies. Estaba triste y se notaba, le había exigido mucho y ya tenia suficiente. Le dije que lo dejábamos por hoy que podría marcharse hasta otro día.

-          Voy a estar ocupado – me dijo – ya te llamaré yo.
-          De acuerdo. No te preocupes.

Nos quedamos mirándonos largo rato. En sus ojos vi la mentira, no era que iba a estar ocupado, era que tenia que recuperarse después de aquel recuerdo, se notaba aunque hacia como que no, era imposible no darse cuenta. Era tan tierno y bonito. Aparté la mirada de la suya tan rápidamente como ese pensamiento vino a mi mente, me levanté y lo acompañé a la puerta, despidiéndolo con un seco “adiós”. ¿Qué había pasado?

lunes, 30 de abril de 2012

Ranura de memoria 2 – Pasado


 ¿por donde empiezo? me preguntó nervioso.
 Empieza contando algo de ti, una pequeña presentación.
 Vale.

Desde que tengo uso re razón he sido un romántico. Desde pequeño jugaba con los muñecos y los casaba, era como jugar a las “familias” pero yo solo, ya que no tenia muchos amigos. Pero bueno, eso daba igual, imaginaba un mundo aparte para mi solo, donde corría y luchaba contra los malos, no se joder, tenía 8 años y mis padres un bar, por lo que mis amigos iban y venían.
Todos los días hacia un nuevo amigo, pero no porque yo los buscara, si no porque ellos me encontraban a mi, ahí sentado, con mis juguetes y, cuando los padres tomaban el café después de comer, ellos se levantaban de la mesa y se acercaban a mi. Yo estaba en los escalones de la “trastienda” (que era mi guarida, hice poner una cama), por de día jugaba en la puerta y por la noche me masturbaba en la cama con una lamparita, también leía comics, libros, dibujaba… lo que hace un niño con esa edad.
En el colegio no destacaba, era el chico 8, tanto porque pesaba 8 veces más de lo normal para mi edad tanto porque sacaba ochos en todas las asignaturas, exámenes, trabajos. Siempre la misma nota, por lo que mis padres nunca se preocuparon en que me esforzara más ni me presionaban, claro, luego llegó en instituto y había que estudiar en casa y tanto mis padres como yo no sabíamos como hacerlo. Es curioso.
Volviendo al cole, ya habrá tiempo para el instituto, recuerdo muy poco en los primeros cursos, la vida no era igual, claro está. Yo era diferente, iba  a un colegio de “ricos” mientras yo siempre he sido de una clase baja que no llega a media. Llevaba la ropa de mi primo, y  siempre la misma. Así que las burlas estaban aseguradas. Los niños pequeños son crueles, como diablillos.

No recuerdo muy bien como ya digo, pero las chicas no se fijaban en mi, era una silla ocupada más, además a esa edad como mucho era ir a los aseos para cogernos de la mano o decir que erais novios, ni hablar de besos y ni mucho menos de follar como ahora los críos de mierda. Bueno, acordándome de donde estaba sentado la primera vez que me fije en una chica, puedo decir que debía de ser tercero o cuarto de primaria, nueve – diez años guau. Estaba sentado en una pared, mi mejor amigo ese día no había ido, por lo que no jugaba con los otros niños, eso conllevaba tener que hablar con ellos y ese era el trabajo de mi mejor amigo Juan José.
Total yo estaba sentado comiendo mi bocadillo o quizá pizza de la noche anterior. Estaba mirando a los demás niños, en plan violador, pero simplemente fijándome en lo que hacían, lo que llevaban, los detalles de la ropa, los zapatos. Es curioso las cosas que haces cuando crees que nadie te ve, como comerte las hormigas de un árbol o mirarte la chorra en medio del patio. Entonces mi vista se fijó en ella, estaba sentada en la puerta del aulario con su grupo predilecto y elegido por Dios para ser los populares de la clase. Ellas vestían con vestidos y ellos con vaqueros, no corrían como los demás, solo se quedaban quietos, quizá si sudaban se morirían. Pero me fijé en ella atentamente, estaba callada, mirando para otro lado, como aburrida. Tenia el pelo negro y corto, la cara era de cuento, redonda y con las mejillas rosadas, además su nombre indicaba que quería salir volando de aquel grupo, Paloma.
No se exactamente el tiempo que estuve mirándola fijamente sin parpadear, sin pensar si quiera en algo, simplemente ocupaba toda mi mente. Quizá la bso de aquel momento seria I Goy You Babe de Sonny & Cher, ya sabes aquella de la marmota. Por supuesto  era la primera vez que me pasaba esto y no sabia qué era, no podía apartar la vista de aquella niña y me habían contado tantas historias sobre ellas, que si tenían poderes, que eran malvadas, que si tocabas su culo te volvías tonto… Y yo había visto tantas películas que pensaba que eran extraterrestres en cuerpos de niñas para secuestrarnos y estudiarnos. Estos pensamientos llegaron como una ola gigante a mi cabeza, arrastrando los otros y liberándome de aquel estado somnoliento.

Despierto me di cuenta de una cosa, que no podía quitarme su cara perfecta de la cabeza, no podía dejar de pensar en sus manos, su pelo, sus rodillas… Todo eso inundaba mi cabeza de chorlito. Sonó el timbre que indicaba el final del recreo que para mi había durado siglos, aunque no sabia que era un siglo en aquella época, sabia que era mucho tiempo.
Los días fueron pasando y yo no tenia ni idea de por qué la tenia todo el puñetero día rondando la cabeza, de  por qué no dejaba de imaginármela cogiéndola la mano o dándonos besos en el aseo. Era muy extraño para mi, así que pregunté a mama; le dije lo que me pasaba, que la tenia todo el día metida en el tarro y ya no me daba miedo, quería tenerla cerca. Recuerdo como mi madre se agachó delante de mí, sonrió y me dio un abrazo larguísimo; cuando terminó me miró a los ojos y me dijo “¿esa chica te parece la más guapa del mundo?” me tomé mi tiempo para pensarlo y la respuesta era que si, estaba recordando a todas las mujeres que había visto por la tele, en clase, por la calle y si, ella era la más guapa que había visto y por lo tanto, la más hermosa del mundo.  Asentí y mi madre me dio otro abrazo, y luego me preguntó “¿se te mueve el estómago al verla?” ¡Rayos! Pensaba que mi madre era una jodida adivina. Asentí de nuevo y me dio otro abrazo, pero esta vez me susurró al oído que me había encaprichado de aquella niña, que me gustaba y que me había enamorado de ella.
Y así, sin más comenzó mi primer viaje al cielo terrenal, mi primer vuelo sin motor, mi primera erección mirando a una mujer que no estaba desnuda. Todo se mezclaba dentro de mi como una batidora, dejándome aislado de otras cosas, los estudios, los juegos, la tele…  Todo me parecía un aburrimiento al compararlo con pensar en ella.
Y así terminó el colegio, cuatro años pensando en la misma chica y cuatro años sin decirle nada. Esto creo que necesita un paréntesis.

Ranura de memoria 2 – Presente
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Por qué no le dijiste nada? le pregunté a Alex después de que acabara de hablar.
Me daba mucha vergüenza, era el chico con menos posibilidades. No se –se quedó pensativo un momento– quizá todo hubiera cambiado si le hubiera dicho algo.
A veces no sabemos las cosas hasta que ya han pasado.

Estaba emocionado, contaba las cosas con una naturalidad impresionante, desde que empezó a hablar había viajado a su mundo, había transformado con sus palabras mi salón en aquel colegio, en su casa; y lo podía haber transformado en lo que quisiera.
Se había hecho tarde, quedamos otro día pero más temprano para aprovechar mejor el tiempo.
 ¿Y ese paréntesis que me traerá?
Bueno, me parece correcto tratar, aunque sea un poco, la evolución de la chica y como el chico se queda estático.
Ya te he dicho que quiero la historia entera, es mi capricho, que luego quizá la transformemos en cine no es tan importante. Quiero escuchar tu historia, quiero escucharte a ti
Gracias.

Nos quedamos mirándonos en la puerta largo rato. Fue un extraño momento, cuando despertamos él dijo adiós y yo me quedé en la puerta un rato más, cerré con llave y me fui a la cama. Me dormí intentando pensar en mi pasado, pero no recordaba más allá de viajes, excursiones y la muerte de mi madre. Me masturbé pensando en mi primera novia del instituto y la primera vez que le toqué un pecho. Ese si era un recuerdo que tenia nítido y perfecto  y con él me quedé durmiendo.